Fundays at Tibidabo

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Y una se levanta una mañana tranquila de domingo y oye a sus niños gritar al unísono: Ti-BI-DA-BO, Ti-BI-DA-BO, Ti-Bi-DA-BO. Así como ni no hubiera mañana, a muerte, decibelios a tope y saltos por todo el comedor. Esa fue la estampa que me encontré yo un domingo cualquiera de junio.

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